Doctor en biología y profesor de genética en la Universidad de Barcelona. Su trayectoria profesional y académica se ha desarrollado en Barcelona y Oxford, centrándose en la genética del desarrollo y la neurociencia, y su relación con el comportamiento humano. Imparte clases de varias materias del campo de la genética y ha publicado más de cincuenta artículos científicos en revistas especializadas. En el ámbito de la divulgación científica, ha publicado siete libros para acercar la ciencia a la ciudadanía, así como varios libros de texto. Colabora habitualmente con varios medios (El Punt Avui, Ara, La Vanguardia). En 2010 ganó el Premio Europeo de Divulgación Científica «Estudio General».

¿Cómo describirías tu ámbito de trabajo y cómo te definirías?

Me considero una persona pluridisciplinar. Bien, de hecho, para ser honestos, eso es lo que me gustaría ser. Y mi ámbito de Trabajo es un reflejo (y quiero conscientemente que sea un reflejo de eso). Se inscribe en la biología, más concretamente en la genética y la neurociencia, pero con la vista puesta en la interacción de estas disciplinas con la sociedad. Hago investigación e imparto docencia en estos ámbitos, dentro y fuera de la Facultad de Biología de la UB, donde tengo mi ocupación laboral principal. Cuando digo que tengo la vista puesta en la interacción de estas disciplinas con la sociedad, me refiero a diversas cuestiones, todas ellas entrelazadas.

Por un lado, porque considero que el motor principal de la ciencia –como debe serlo también el de cualquier otro campo del conocimiento– ha de ser mejorar la calidad de vida global, principalmente a través de la dignificación de la vida (vida humana y del resto de la naturaleza). Por otro, porque creo firmemente en el empoderamiento social para decidir el futuro individual y colectivo, pero este empoderamiento no es efectivo sin la posibilidad de incrementar la cultura global de la sociedad, también –pero no sólo– en temas científicos. Es en este sentido que una de mis actividades es la divulgación de la ciencia (aquí hay que distinguir el concepto de comunicación científica –explicar conceptos, procesos o descubrimientos científicos– del de divulgación científica –que incluye la comunicación científica y, además, los componentes éticos y sociales que se derivan).

A caballo entre todo eso, hace unos años que me dedico a investigar y a divulgar en temas de neuroeducación. Es decir, en cómo los descubrimientos en neurociencia pueden ayudar a mejorar las estrategias educativas. Lo hago desde una premisa que, a pesar de ser ideológica (o precisamente porque es ideológica), guía todo mi trabajo en este campo: el objetivo principal de la educación (o de los procesos de aprendizaje) ha de ser ayudar a las personas a crecer en dignidad (lo cual incluye también los aspectos sociales y profesionalizadores, entre muchos otros).

Todo ello me ayuda a definirme, pero “no soy” sólo eso: padre de hijos adolescentes y esposo convencido, montañero, viajero de los cinco continentes a la búsqueda de naturaleza y cultura, motorista “cruiser”, lector ávido de poesía, ensayo y filosofía, aficionado al teatro de pequeño formato y a la danza contemporánea…

¿Qué necesidad lo inspira y qué consecuencias tiene lo que haces?

La necesidad principal que me inspira es aprender. No concibo la vida sin la posibilidad de aprender cosas nuevas cada día, de cualquier ámbito, sin restricciones. Aprender me hace disfrutar, y aprendo también para contribuir, hasta donde pueda, al disfrute global de la sociedad. Es aquí donde me gustaría encontrar las consecuencias de lo que hago.

¿Te sirve el marco disciplinar e institucional actual?

El marco disciplinario e institucional actual puede resultar muy atractivo desde el punto de vista organizativo, pero no se ajusta a la realidad. La realidad es transversal y compleja, y es por eso que creo que se ha de avanzar en la interdisciplinariedad. Es por eso que me gustaría poderme definir como una persona pluridisciplinaria. También hay un aspecto “práctico” en la interdisciplinariedad, y es que los grandes avances culturales se alcanzan –o surgen– en los territorios fronterizos entre diversas disciplinas, en los que las limitaciones de una son precisamente las oportunidades de la otra (y viceversa).

¿Dónde encuentras a tus principales interlocutores?

Los principales interlocutores los encuentro en el mundo de la cultura, tanto científica como humanística, a pesar de que el gremialismo hace que a menudo personas que destacan en un campo no quieran saber nada de los otros –e incluso a veces subestiman el trabajo que hacen los que buscamos queridamente la interdisciplinariedad. Dicho de otra manera, mis principales interlocutores los encuentro en personas concretas que comparten algunos de estos puntos de vista, dentro y fuera de la academia, pero no en ningún “estamento” académico concreto.

¿Puedes vivir de lo que haces?

Puedo vivir de lo que hago porque tengo una fuente de ingresos constante, a través de mi plaza en la Universidad de Barcelona. De todas formas, lo que hago no acaba de encajar en ningún campo académico establecido, lo cual mutila mis posibilidades de promoción. Una mutilación que, en cualquier caso, acepto como el precio a pagar por poder hacer lo que hago (lo cual no quiere decir que no piense que habría que cambiarlo).

¿Qué cambiarías, si pudieras, para que tu trabajo tuviera más sentido?

Para que mi trabajo tuviese más sentido cambiaría la manera “académica” de valorar precisamente la interdisciplinariedad, ya que demasiado a menudo no cae dentro de ninguno de los compartimentos prácticamente estancos existentes. Y sin un reconocimiento valorativo académico, la vida de los académicos se complica innecesariamente y, al final, hay que renunciar a ideas o proyectos para mantenerse dentro de “la academia”.

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