(Iquitos, Perú, 1982) Artista que vive y trabaja en Barcelona. Licenciada en Bellas artes y Máster en Producciones artísticas e investigación por la Universidad de Barcelona, se formó también como escultora en la Escuela Massana. Obtuvo la beca PAIR de la Fundación Suñol, la beca de creación artística de la Fundación Guasch-Coranty y la beca del CoNCA para la investigación y creación en los ámbitos artísticos y del pensamiento. Ha sido artista residente en SMART (Amsterdam), con una con una beca A’dam Hangar-SMART del programa internacional de intercambio HANGAR-AECID.

¿Cómo describirías tu ámbito de trabajo y cómo te definirías?
Las prácticas artísticas son mi punto de referencia, el lugar desde donde expongo, hablo, enseño, pienso. Quiero decir que me dedico a cosas que habitualmente se entienden como práctica artística y a otras que no, pero mi manera de abordar cualquier cuestión está afectada por el hacer y el pensar desde el trabajo en el arte. No sé cómo me definiría.

¿Qué necesidad lo inspira y qué consecuencias tiene lo que haces?
Creo que no hablaría de necesidades más allá de las que comportan las condiciones básicas de la existencia. Pienso que hago este trabajo por un cúmulo de casualidades y medias decisiones. Amo lo que hago, pero no lo necesito, creo que hablar de necesidad en estos términos es una rémora del romanticismo. Intento que mi práctica sea una forma de investigar y observar lo que me rodea desde el pensamiento crítico aplicado a la estética; así que las consecuencias más inmediatas las buscaría principalmente en las maneras de entender, para mí, y espero que para otros también.

¿Te sirve el marco disciplinar e institucional actual?
La disciplina y la institución son dos cosas que hay que erosionar, hay que trabajar activamente para erosionarlas, de manera más o menos discreta, cada uno desde sus posibilidades. No me sirve y a la vez me sirve porque es el contexto en el que trabajo, al que respondo.

¿Dónde encuentras a tus principales interlocutores?
En todas partes, tengo la suerte de tratar con gente de todo tipo.

¿Puedes vivir de lo que haces?
Reconozco que he mirado si sólo hacíais esta pregunta a los artistas, porque me parecía un cliché, y me ha gustado ver que se lo preguntáis a todos. Sí, vivo de lo que hago, con dificultad, como todo el mundo, imagino, y entendiendo lo que hago, como decía al principio, como una constelación de trabajos de distintos tipos. Tampoco me parece mal. Me parece mal la precariedad, pero estoy en contra de la visión romántica de la práctica artística que menosprecia cualquier trabajo que no sea arte, como una falta de pureza o una muestra de poca valía. Esto es una mentira que nos perjudica a nivel material y también emocional, y hace falta combatirla.

¿Qué cambiarías, si pudieras, para que tu trabajo tuviera más sentido?
Para mí, lo que hace que tenga sentido es intentar cuidar los procesos que se hacen visibles en mi trabajo y también los que no. Esto implica entender el trato con colaboradores, industriales, proveedores y todo aquello que sucede sin hacerse público al mismo nivel que las relaciones que se producen en la cara pública u oficial de mi trabajo. Significa también reconocer que hay quien hace lo que yo no soy capaz de hacer, por falta de tiempo o habilidad, ampliando mis posibilidades. También tener en cuenta qué y quién permite que yo pueda estar trabajando en un oficio que no tiene horarios ni final, considerar quién me cuida. Es una cosa de la que procuro ocuparme, y en la que creo que hay mucho recorrido por hacer.

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